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Carta del autor de LA CREATICIDAD

Pedro Gea Martínez

   Soy Pedro José Gea Martínez, el autor de los libros de La Creaticidad. El de la fotografía soy yo de pequeñito... te habías dado cuenta tú también... Nací el 16 de diciembre de 1.977. Justo ahora que escribo esta presentación hace 2 semanas que ya tengo 40 años. En la fotografía, tenía 7 años.

 

   Nací en Orihuela, una ciudad de la provincia de Alicante, en España. Crecí concretamente en un pequeño pueblo de campo que pertenece a Orihuela llamado La Matanza... tranquilo/a, que somos buena gente en mi pueblo... Soy, pues, un muchacho de campo, con mi toque especial como todas las personas tenemos, y bastante normalito en muchos aspectos. He crecido en contacto con la tierra y con los animales. He pasado mi infancia entre gatos, perros, gorriones, limoneros, naranjos y almendros.

 

   Voy a mencionarte brevemente mi currículo como escritor y mis titulaciones o credenciales. La Creaticidad, si bien no es lo primero que escribo, sí que es lo primero que publico. Y para calmar la mente de quienes necesitan leer que un escritor tiene algún título académico, pues tengo el diploma universitario de Maestro de Educación Primaria, del que aún ni siquiera he hecho uso 20 años después de haber terminado la carrera.

 

   Sin embargo, un escritor ya es escritor sin necesidad de ningún título ni ninguna credencial, sin necesidad de cursos ni másteres. Un escritor nace con ello, y cuanto antes descubra ese don, antes entra en coherencia consigo mismo. Incluso te diría que cuantos menos estudios tenga un escritor, tal vez mejor le venga para su creatividad y su conexión con el corazón y con la intuición.

 

   El hecho de que salga "mi niño interior" en la fotografía quiere decir que él es el autor de estos libros en realidad. Son libros escritos después de una experiencia de vida que ha sido la que ha sido debido a las cualidades de ese niño y sobre todo a sus heridas y traumas. Los aprendizajes pendientes, los miedos y las interpretaciones erróneas del ego de ese niño, han conformado años de vivencias que han desembocado en los productos que te ofrezco.

 

   Como a través de la escritura trato de alimentar el permitirnos la duda como avance en el proceso de desarrollo personal y también como búsqueda de la sabiduría interna alineada con el Ser esencial, lo que quiero es hacer aflorar verdades que nos beneficien. Y pretendo quitar máscaras a la oficialidad, a ciertas formas de espiritualidad y a ciertas partes de la ciencia.

 

   Así que como inicio, lo óptimo que veo es quitarme yo mi propia máscara que he tenido hasta hace poco... y que evidentemente puede seguir ahí en alguna medida... Por eso estás viendo mi foto de niño. Ese niño, mediante su interpretación de la realidad, asumió que era menos que los demás. Por sus vivencias, creció con un sentimiento de inferioridad y con una baja autoestima. Y cayó en la trampa del ego de la comparación, cayó en el error de compararse con los demás y encima para siempre salir perdiendo. Al mismo tiempo, tenía una necesidad imperiosa de sentirse diferente, especial y único.

 

   Ahora ya de adulto, me voy a quitar una máscara que va a sorprender a quienes me conocen. Voy a reconocer algo que puede sonar muy fuerte a quienes me consideran una persona seguramente más "evolucionada", pero es que eso es la máscara, una imagen que trata de tapar lo erróneo e incoherente que hay adentro. Lo que yo, casi sin darme cuenta, he intentando ocultar ha sido que... he vivivo en una continua envidia.

 

   No he vivido la envidia en el sentido de querer que los demás no tengan o no sean, sino que he vivido siempre en el "¿y por qué yo no puedo ser así?" o "¿por qué yo no puedo estar así de bien?" o "¿por qué yo no puedo tener eso con lo que me esfuerzo o lo buena persona que soy?", etc. Y la energía, la fuerza, la alegría y el éxito de los demás que yo no sabía conseguir para mí, era algo que me hacía daño, que me debilitaba.

 

   En esa lucha entre querer ser especial y querer ser "normal" como los demás desde mi baja autoestima, pues por ejemplo me saqué la carrera de Magisterio (como ya he comentado) y no ejercí por sentir que yo no era lo suficientemente bueno como para enseñar a vivir a los niños o para enseñarles conocimientos de dudosa veracidad y dudoso beneficio a unas personitas en una edad tan delicada.

 

   Y ahora, mi aprendizaje ha venido de la mano de considerar que todos somos únicos desde el mismo momento del nacimiento, y que no somos ni más ni menos que nadie. Que cada cual tiene sus cualidades, sus dones y sus cosas por aprender.

 

   Sin embargo, yo no me fijaba en mis dones o en lo que yo sabía hacer de corazón o quería hacer de corazón, consideraba que todo eso mío era algo inadecuado, no válido, inferior, improductivo. Y me dejaba manipular por lo socialmente aceptado, siempre intentando llegar al nivel de los demás. Pero es que resulta que nunca iba a poder llegar a ese nivel, porque nunca iba a considerarme adecuado por muchas hazañas que consiguiera.

 

   Por eso, escribir La Creaticidad ha sido para mí el reconectar con mi niño de la foto. Y ha sido él quien ha escrito, porque él sí que estuvo mucho menos contaminado a esa edad que yo ahora de adulto. Cuando releo mis libros me da la sensación de que yo no he escrito eso. Y sobre todo, me doy cuenta de que si quisiera volver a escribir lo mismo, no saldría igual o me costaría muchísimo. Cada momento es único y cada persona es única.

 

   Como he disfrutado con la escritura y me he sentido por primera vez en mi lugar y haciendo algo que va en mi esencia, y como esta reconexión es algo armonizado con la esencia del Ser, puedo decir que me he armonizado bastante con ese niño interior. Él me ha dicho cuál fue su dolor, lo hemos sanado entre los dos y hemos decidido escuchar más al corazón y al sentir. El secreto siempre está en el sentir.

 

   Hemos decidido dar gracias por lo que tenemos aquí y ahora, soltar miedos, permitirnos soñar, habitar esos sueños y al mismo tiempo desapegarnos de que se cumplan o no se cumplan. Habitar el ahora, siendo uno más dentro de una colectividad donde todas las personas son especiales y donde podemos aprender unos de otros y disfrutar unos de otros. En cooperación y en cocreación. Mi niño y yo hemos reconocido nuestra valía y nos hemos dado permiso para ser y para ser como somos.

 

   Todas las inquietudes de él, todas las intuiciones, todas las preguntas que se hacía, todas las incoherencias  que veía en la sociedad desde bien pequeño, las hemos resuelto en gran medida con estos libros que ahora tienes a tu alcance. Desde mi punto de vista subjetivo son verdaderas joyas.

 

   Mi niño y yo hemos aprendido entre los dos a usar mejor la Creaticidad como energía creadora para nuestro beneficio y el del máximo de personas implicadas. La saga de La Creaticidad tendrá más o menos éxito, gustará más o menos, pero eso ya queda en un plano secundario.

 

   El éxito ya está conseguido porque gracias  a estos libros, me he armonizado más con mi ser interno y justo ahora siento estar empezando a aprender a vivir. Siento estar aprendiendo a vivir tras haberme liberado de mucha carga. Considero que aprender a andar a los 40 se puede considerar un gran logro.

 

   Lo que leas en cualquiera de estos libros, tómalo como una reflexión y como una búsqueda de la verdad tras las máscaras. Investiga por tu cuenta y pon en tela de juicio lo que digo hasta que lo puedas comprobar.

 

   Mi objetivo es ofrecerte lo mejor que puedo ofrecerte desde el corazón, y con la mejor intención. Tienes mis mejores deseos para tu lectura. Mi niño y yo te expresamos nuestra gratitud por dicha lectura.

 

Un saludo muy cordial,

Pedro

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